El Cronovisor: ¿Fotografiar el pasado?

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El Cronovisor: ¿Fotografiar el pasado?

Mensaje por josecito el Lun 12 Ene 2015, 12:43 pm

El 2 de mayo de 1972 el semanario italiano Domenica del Corriere sorprendía a sus lectores con un insólito titular: Inventada la máquina que fotografía el pasado». Era la primera información pública sobre un tema que activaría la polémica y, entre contradicciones y acusaciones de fraude, acabaría erigiéndose en un enigma que perdura hasta nuestros días. ¿Qué había de verdad en esa presunta tecnología que permitía ver y escuchar en directo a través del tiempo lo que ya no existe, incluyendo la vida de Jesús de Nazaret?

La noticia era increíble. En el semanario Domenica del Corriere se afirmaba que un equipo de doce físicos, encabezados por un monje, había creado un artefacto capaz de fotografiar el pasado y que incluso había registrado la vida entera de Cristo. Y demostraba tan inaudito anuncio con una imagen del rostro sufriente de Jesús en la Crucifixión. Los fundamentos de este descubrimiento se basan en el conocido principio de la física clásica, según el cual «la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma». El inventor del aparato, Alfredo Pellegrino Ernetti, un benedictino, aseguraba haber construido su máquina basándose en el concepto de que las ondas sonoras y visuales son energía y, por tanto, están sometidas a las mismas leyes físicas que la materia. Igual que desde las partículas más ínfimas se puede recomponer un elemento en su forma primitiva, el artefacto sería capaz de acceder a las ondas luminosas y sonoras del pasado, reorganizándolas en las mismas imágenes y sonidos que las integraron en su origen.


Las psicofonías de Ernetti.

Ernetti nació el 13 de octubre de 1925. Con 16 años ingresó en la abadía veneciana de San Giorgio Maggiore, a la que siguió vinculado hasta su muerte, el 8 de abril de 1994, y donde trabajó como exorcista y como capellán de la cárcel del Suspiro. Pero durante sus 69 años de vida, Ernetti destacó por un sinfín de aptitudes. Fue licenciado en teología, lenguas orientales, filosofía y letras, física cuántica, diplomado en piano y escritor prolífico. Sin embargo, los mayores reconocimientos los obtuvo por su labor docente sobre la música prepolifónica, anterior al siglo XI, hasta el punto de que obtuvo la única cátedra que había sobre esta materia.

Su amor por la música le llevó a Milán para estudiar Oscilografía Electrónica -una rama de la física que se ocupa de la vibración de las voces- con el Padre Agostino Gemefli. El 17 de septiembre de 1952, mientras ambos religiosos analizaban la armonía de la musicalidad gregoriana, descubrieron con sorpresa que en el magnetófono se había registrado una nítida voz que Agostino Gemefli identificó como la de su difunto padre. Era la primera psicofonía de la historia. Gemefli, fatigado por las largas sesiones de trabajo, había pronunciado de forma mecánica y desesperada una frase invocando la ayuda de su progenitor. No daba crédito a sus oídos cuando, al reproducir la cinta magnética, escuchó: «Yo te ayudo. Siempre estoy contigo». Gemefli insistió en repetir el experimento. No había duda. Era la voz de su padre.

Preocupados por las reticencias católicas sobre el contacto con los muertos, los clérigos solicitaron audiencia con Pío XII, quien les tranquilizó asegurándoles que «la existencia de esta voz es un hecho científico que no tiene relación con el espiritismo. Lo que pasa es que se han registrado ondas sonoras procedentes de alguna parte. Este experimento quizá llegue a convertirse en la piedra angular de un gran hallazgo científico que pueda fortalecer la fe de la gente a partir de ahora». No obstante, el pontífice decidió mantener el descubrimiento en absoluto secreto.

En 1958, Giovanni Battista Montini, más tarde conocido como Pablo VI, conoció a Friedrich Jürgenson, un productor de cine sueco que le confesó haber comenzado a realizar sus primeros avances en el campo de la grabación de voces del más allá, y no se sorprendió, pues conocía las investigaciones que se habían hecho sobre este fenómeno en la Universidad Católica de Milán. Cuando Montini sucedió a Juan XXIII, en 1963, nombró a Jürgenson documentalista del Vaticano. Éste escribió a su colega británico Peter Brander: «He encontrado en el Vaticano oídos que simpatizan con el fenómeno de las voces. Hoy el puente está firme sobre sus cimientos».

Aunque Jürgenson era un ateo convencido, probablemente fue esta condición la que le convirtió en el hombre que necesitaba la Iglesia para presentar el descubrimiento a la comunidad científica. De esta manera el clero encubría los atípicos trabajos que se habían efectuado en Milán, pero el control de los experimentos continuaba bajo su dominio y Jürgenson pasaba a la historia como el descubridor de las psicofonías.

Pero el Padre Ernetti había sacado sus propias conclusiones: «La energía espiritual de las ánimas puede transformarse en ondas de radio. Ocurre por una especie de ósmosis, como una compenetración de los campos electromagnéticos psico-espirituales». Llamó al fenómeno «pneumafonía» y aseguró que, con ayuda de la ciencia, se podría lograr lo que los pitagóricos y aristotélicos ya habían intuido: que mediante la disgregación de los sonidos era posible la reconstrucción de las imágenes. Y parece que desarrolló la técnica capaz de conseguirlo: «Cada ser humano deja tras de sí una doble estela: una sonora y otra visual, una especie de carta de identidad distinta para cada individuo. En base a esto nos encontramos hoy en condiciones de volver a ver y escuchar a los personajes más grandes de la historia, reconstruyendo su rastro energético de luz y sonido».

Según Ernetti, el siguiente paso hacia la construcción de fantástico ingenio se produjo en 1957, cuando contactó con el profesor De Matos, un portugués que había analizado la dispersión del sonido. En 1963, el ministerio de Instrucción Pública le otorgó a Ernetti la cátedra de prepolifonía, lo que le dio la ocasión de convocar a expertos de todo el mundo para discutir sobre las diversas ramas de la materia. «Con ellos comencé a elaborar el sistema que me condujo a este sensacional descubrimiento», señaló.

La identidad de esos científicos es un misterio que tal vez Francois Brune pueda ayudamos a esclarecer. Este teólogo, docente e investigador de la comunicación con los muertos, en compañía del biólogo y parapsicólogo francés Rámy Chauvin, publicó en 1998 En directo desde el Más Allá, un compendio sobre el fenómeno de la obtención de voces e imágenes paranormales mediante soportes electrónicos (AÑO/CERO, 91).

En esta obra el autor narra su experiencia con Ernetti, quien, según Brune, le aseguró que había reunido a un grupo de físicos, cuya ayuda habría descubierto una máquina y fue capaz de fotografiar el pasado.

Este sensacional hallazgo tiene un nombre: cronovisión (del griego chronos, «tiempo»). En realidad, su creador no fue el Padre Ernetti, sino otro religioso, Luigi Borello, quien ha compaginado su labor pastoral con la física, desarrollando una técnica que permitiría ver y oír aquello que ha quedado memorizado en las partículas, de la materia inanimada, Su teoría es diferente a la de Ernetti: «No sólo los animales tienen una memoria. El rastro de una señal luminosa o de un sonido quedaría también impreso en la materia inanimada. Una piedra recuerda, pero no tiene manera de comunicarlos. Sin embargo, las conclusiones de ambos clérigos, son idénticas: «Cada vez que los sonidos o imágenes afectan a la materia, que se transforma en parte en energía estática, pueden ser de nuevo recreados como una forma de energía aún desconocidas.

Cuando se hicieron públicos los trabajos de Ernetti, Borello se reunió con él en Roma y «en seguida pude comprobar que no había nada de preciso ni de cierto en todo aquello», explica a AÑO / CERO. Borello se convirtió en su principal crítico, porque Ernetti nunca mostró su máquina ni desveló su funcionamiento, ofreciendo como única descripción que su estructura estaba constituida por tres partes: una multitud de antenas que captaban todas las longitudes de onda imaginables, un selector que trabajaba a la velocidad de la luz, regulable gracias a unos circuitos que apuntaban hacia el lugar y la persona elegidos, y un equipo para visionar y registrar las imágenes y los sonidos.

¿«Ver» los milagros de Jesús?

Tres meses después de la publicación de la noticia en Domenica del Corriere, Ernetti quedó desacreditado cuando se descubrió que una imagen del rostro de Jesús que, según él, demostraba la viabilidad de su «cronovisor», no era más que la fotografía de un crucifijo venerado en el santuario del Amor Misericordioso de Collevalenza, en Perugia.

Pasaron años sin que Ernetti compareciera ante los medios de comunicación. Lo más obvio es pensar que estaba avergonzado; sin embargo, no todo resulta tan claro. Cuesta creer que un hombre de su elevada talla intelectual y moral se involucrara en un fraude tan burdo. A nadie le extrañaría que, de existir el ingenio capaz de recuperar el pasado, hubiera sido interceptado y vetada su difusión por las autoridades civiles o religiosas, temerosas de las consecuencias derivadas de su uso, ya que con él se podrían conocer los secretos de grandes personajes y se resolverían muchas incógnitas históricas. Como afirmaron algunos, «sería posible, por ejemplo, contemplar los milagros de Jesús». Pero ¿y si se descubriera, por ejemplo, que tales prodigios no sucedieron tal como nos han contado sino que fueron inventados por sus discípulos? Entonces se produciría una crisis religiosa sin precedentes.

Ernetti declaró que la Iglesia le puso una mordaza que no le permitía hablar. Desprestigiar su trabajo resultaba fácil para la jerarquía eclesiástica. Así se garantizaba la burla de la opinión pública y se aseguraba el dominio omnipotente del Vaticano sobre el invento, Pero aún hay más. En 1965, el diario Il Giorno difundió que los servicios secretos del Vaticano, en colaboración con los del contraespionaje italiano, detuvieron a un ingeniero llamado Antonio Beretta, bajo la sospecha de que trabajaba para el KGB. Lo cierto es que el arrestado era un experto en la teoría de la Relatividad y que durante 8 años trabajó al servicio del Padre Ernetti. La única información que pudo haber vendido a los soviéticos habría sido la relacionada con las actividades desarrolladas en el laboratorio de Ernetti, en San Giorgio Maggiore.

Durante un congreso internacional, un funcionario del ministerio del Interior soviético, Sergei Antonov, confió a un delegado occidental que «los propios trabajos de nuestros físicos nos inducen a pensar que el equipo de San Giorgio ha debido realizar ya la grabación en magnetófono de la explosión de Sodoma y Gomorra, así como la inscripción de las Tablas de la Ley en el Sinaí». Y en un artículo publicado por el diario ruso Pravda, se leía: «Las investigaciones sobre la reconstrucción del pasado efectuadas en Italia bajo el control del Vaticano y del ministerio del Interior están mucho más avanzadas de lo que se ha pretendido. Es un trabajo fuertemente vigilado por los servicios secretos del Vaticano».

Por su parte, AÑO / CERO ha descubierto que Ernetti, estando muy enfermo y sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, envió una carta a Luigi Borello, su principal crítico. La misiva es una especie de testamento donde afirma que «la existencia del artefacto es una sacrosanta verdad; que se hayan captado tantas cosas del pasado es también verdad; que entre estas cosas estuviera la imagen de Jesús es verdad; y que las autoridades supremas han prohibido el uso del ingenio, es otra verdad». «Nuestro Cristo fue captado en 1953, mientras que el de Collevalenza fue realizado 6 años más tarde». Podemos pensar que era la palabra de un moribundo, la confesión de un religioso a otro, sin embargo demostraremos incoherencias difícilmente refutables. La fundadora del Santuario de Collevalenza resultó ser una mística estigmatizada. La obra obedecía a sus visiones, lo cual podía confirmar la validez de la evidencia presentada por Ernetti. De no ser porque el crucifijo, en realidad, data de 1930. Por cierto, ¿cómo es posible que la instantánea de Jesús sea de 1953, si el propio monje declaró que fue en 1963 cuando reunió al equipo que iba a ayudarle a construir la máquina? Pero, ¿por qué la Iglesia y los servicios secretos italianos se involucraron en algo que no era más que un delirio? Aún más importante, ¿por qué, en 1988, el Vaticano emitió un decreto según el cual serán excomulgados todos aquellos que capten o divulguen «con cualquier instrumento técnico acontecimientos pasados … »?

Borello dudó de Ernetti, pero aún sostiene que la materia recoge lo acaecido y es posible recuperarlo con la tecnología adecuada: «Actualmente coordino dos equipos que trabajan en el desarrollo del cronovisor, uno en la facultad de ingeniería de Tor Vergata, en Roma, y otro en un laboratorio de Treviso. Usamos una sonda bidireccional conectada a complejos amplificadores con los que se estimula un bloque de materia del que emana una energía. Esta experimentación es muy precisa, pero aún no podemos preguntarle a un objeto qué ha visto o ha escuchados. «No obstante -concluye-, no puedo ser más concreto. El trabajo que efectuamos en Roma y Treviso es top secret».

Artículo de Helena R. Olmo. (Publicado en Año Cero, nº 126)

El Cronovisor sería una máquina para ver el tiempo, un mecanismo con el que se podría acceder al pasado en forma de imagen y sonido. Los Cronovisores “sintonizarían” con el tiempo a voluntad del experimentador y guardarían los resultados en los mismos soportes que los vídeos o las grabadoras de audio.

El caso del Cronovisor se dio a conocer en el año 1972 por el padre Ernetti que concedió una entrevista al diario italiano “La Domenica del Corriere”, en la cual afirmó haber participado en el proceso de esta singular máquina del tiempo.

El rumor se extendiò por todo el mundo. Sin embargo anteriormente el padre Ernetti ya habìa dado pequeños detalles en alguna publicaciones. En Julio de 1965 una revista religiosa de Francia “L`Heure d`Etre” y en Enero de 1966, la publicación italiana “Civiltá delle Macchine”, recogieron la noticia pero la poca importancia de esos dos medios hizo que la noticia no fuera tomada en cuenta hasta 1972.

El padre Ernetti nunca entró en detalles técnicos de la máquina, pero sí en los logros. Afirmó haber fotografiado las tablas de la ley, la destrucción de Sodoma y Gomorra, un discurso de Mussolini o la crucifixión de Cristo.

Pío XII pudo haber controlado este proyecto desde el principio, aunque lo calificó de secreto de estado. El proyecto fue cancelado y requisado por el Vaticano, pero no destruido, el Cronovisor se encontraría a buen recaudo. Antes de morir Ernetti, envió una carta a Japón, país con el que tenía buena relación y contactos y otra carta a Suiza. En esas cartas pueden estar los planos del Cronovisor, ya que él prometió al Papa Pío XII que nunca haría públicos los detalles, a pesar de que varios años después seguía siendo entrevistado.

A continuación vamos a mostrar un poco de esa entrevista del año 1972:

- ¿ Sigue usted manteniendo, a pesar de los años, que todavía posee el texto original de las Tablas de la Ley?

- ” Sì, lo tenemos. Pero no podemos desvelar nada. Lo siento”.

- ¿ Y cuándo cree que podrá hablar, padre ?

- “No lo sé. Ya sabe que hay muchas cosas que reciben el nombre de Secretos de Estado…”

- ¿ Del Vaticano ?

- ” No. En todo el mundo”.

- ” No sabe cuando dejará de ser secreto, ¿verdad?

- ” Espero que pronto, pero es muy difícil. Se revelarán demasiados secretos”.

- ¿ Cambiaría mucho nuestra concepción de la historia del Hombre?

- ” Mucho. Incluso las lenguas serían irreconocibles…”.

También hay una entrevista referente a este tema en la que el entrevistado es Ron Hubbard, él si cree en un visor temporal que permita visualizar el pasado, pero según sus palabras “se lograrà en el futuro, pero por ahora no existe”
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josecito

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Re: El Cronovisor: ¿Fotografiar el pasado?

Mensaje por josecito el Lun 12 Ene 2015, 12:58 pm

El Mito del Cronovisor


El tema de la cronovisión, o captación por medios tecnológicos de imágenes y sonidos del pasado, e incluso del futuro, ha gozado de fama desde hace varias décadas, pero nunca se ha podido probar la existencia real de una máquina capaz de tales proezas. Existen decenas de historias acerca de aparatos de este tipo, todas ellas, sin excepción, carentes de toda prueba fiable. Personalmente pienso que, hasta que se demuestre lo contrario de manera contundente, la cronovisión sólo ocupa los reinos del mito y no de la realidad. Pero no por ello deja de tener interés explorar, aunque sea por encima, los orígenes del mito del cronovisor y otras máquinas imaginarias similares. De todas éstas, sin duda, la máquina de cronovisión más famosa es la del benedictino italiano, ya fallecido, Pellegrino Ernetti. Para quien no esté advertido voy a definir de qué se trata. Un cronovisor sería literalmente una máquina para ver el tiempo, o mejor dicho, un mecanismo por medio del cual acceder al pasado en forma de imagen y sonido. Hasta el momento, no conozco ninguna referencia a cronovisores “capaces” de sintonizar el futuro, exceptuando el de DeLaWarr. Así, por medio de técnicas nada claras, al igual que un vídeo doméstico sintoniza un canal de televisión y graba en cinta magnética o disco óptico nuestro programa favorito, los cronovisores “sintonizarían” con el tiempo a voluntad del experimentador y guardarían los resultados en los mismos soportes que los vídeos o las grabadoras de audio.

El caso del cronovisor fue dado a conocer por el padre Ernetti en 1972, al conceder una entrevista a la publicación italiana La Domenica del Corriere donde afirmó haber participado en el proceso de gestación y uso de una máquina capaz de grabar imágenes y sonidos del pasado. Aquella noticia hizo que muchos se sobresaltaran de entusiasmo, ¿se habría descubierto pues la máquina del tiempo? La importancia del medio en el que se publicó la noticia, hizo que se extendiera el rumor por medio mundo. Sin embargo, anteriormente, Ernetti ya había desvelado algunos detalles en otros medios impresos. En julio de 1965 L´Heure d´Étre, una revista religiosa de Francia, aludió a este cronovisor y, en enero de 1966, la publicación italiana Civiltà delle Macchine, hizo lo mismo en un artículo titulado L´oscillografo elettronico. La poca importancia de esos dos medios hizo que la noticia no fuera tomada en cuenta hasta que salió a la luz la entrevista de 1972, a partir de entonces los rumores sobre el cronovisor del padre Ernetti no han cesado de aparecer. El benedictino afirmó que su máquina funcionaba a la perfección, no entró en detalles técnicos pero sí ahondó en alguno de los éxitos conseguidos. A través de este cronovisor afirmó poder reconstruir porciones de algunas obras musicales perdidas desde hace siglos, como el Thyestes, de Quinto Ennio, representado en Roma en el 169 a.C. Otras de sus afirmaciones resultan ser demasiado fantasiosas, dijo haber contemplado la destrucción de Sodoma y Gomorra, localizado el texto correcto de las Tablas de la Ley o haber presenciado la crucifixión de Jesucristo, siendo capaz de determinar cuáles fueron sus últimas palabras. ¿Un intento de convencer a los “descreídos” de grandes episodios de la historia sagrada echando mano de “mitología tecnológica”?

Para conocer cuándo “surgió” el proyecto hay que remontarse a 1952. Durante una sesión de grabación de música gregoriana, en el laboratorio del padre Agostino Gemelli, sucedió algo no previsto. El 15 de septiembre de ese año, vigilando los aparatos electrónicos para llevar a buen término el registro del sonido en cinta magnética, Gemelli y Ernetti se sobresaltaron al descubrir que se había incluido en la cinta una voz que nadie escuchó durante el proceso de grabación. Esa voz fue reconocida por Gemelli como la de su padre ya fallecido, impresionando sobremanera a los dos sacerdotes. La súbita aparición de aquella psicofonía sirvió de acicate para que se dedicaran a investigar el extraño asunto, contactando con todos los expertos europeos en transcomunicación que pudieron encontrar y llegando a una novedosa teoría: las voces e imágenes del pasado quedarían grabadas en una suerte de éter desconocido, siendo posible su recuperación a voluntad por medio de las técnicas adecuadas. Acababa de nacer la leyenda del cronovisor.

Desde sus comienzos, se dijo que este proyecto estuvo controlado por Pío XII, quien lo clasificó como secreto. Uniendo fragmentos dispersos de esta historia puede hacerse uno a la idea de cómo era, o sigue siendo, el presunto cronovisor. Se ha llegado a afirmar que, aunque el proyecto fue cancelado por el Vaticano dada su peligrosidad al atentar contra el libre albedrío, la máquina jamás fue destruida y continuaría guardada en un lugar seguro esperando días mejores. ¿Se encontrará el cronovisor en las dependencias benedictinas de la veneciana Isla de San Giorgio, donde pasó Ernetti gran parte de su vida? Este sacerdote era profesor e investigador en un campo poco estudiado de la música, la prepolifonía, estando adscrito al Conservatorio Benedetto Marcello de Venecia y había llegado a ser docente en la Academia Santa Cecilia de Roma. La música, las ondas, las resonancias, son temas de suma importancia en el desarrollo del hipotético cronovisor.

Sobre el ya famoso cronovisor de Ernetti se ha dicho de todo, aunque nada verificable. Para empezar con la galería de rumores, cualquiera que investigue un poco este asunto se topará tarde o temprano con una impactante imagen de Cristo poco antes de morir que, según se dijo hace años, correspondía a una instantánea de ese momento histórico, grabada en el cronovisor. El propio Ernetti salió al paso de tales afirmaciones para negarlo rotundamente, porque aquella imagen no era más que una fotografía de un crucifijo conservado en el Santuario del Amor Misericordioso, de Collevalenza, en la italiana provincia de Perugia.
Más rumores, se cuenta que en la investigación inicial para crear el cronovisor, intervinieron doce anónimos físicos de primera fila y 1956 sería la fecha hipotética en la que se pusieron en marcha las investigaciones de forma seria, siendo al año siguiente cuando se unió al grupo el ignoto portugués Profesor Matos.

La siguiente parada en la ruta de los rumores hace referencia a la técnica utilizada en la máquina. La teoría de Ernetti se basaría en el concepto aristotélico de la desintegración del sonido, aunque en este punto hay versiones para todos los gustos, desde las que implican un gran conocimiento por parte de aquellos científicos de la filosofía pitagórica a los que invocan a la cábala. Según la idea de Aristóteles, o de Pitágoras según la versión que elijamos, la luz y el sonido no desaparecen del todo después de su aparente extinción, sino que se transforman de una forma desconocida y se mantienen en el lugar donde se originaron, siendo posible su recuperación de manera indefinida en el tiempo. Ernetti comentó en una de sus pocas conversaciones públicas sobre el tema, que las ondas sonoras se subdividen en armónicos que se graban en los materiales inertes, o en algo tan controvertido como el éter, pudiendo ser recuperadas si se dispone de los mecanismos adecuados.


El Cronovisor


El escritor Robert Charroux se refiere a la odisea de Ernetti con estas palabras:

…el padre benedictino Pellegrino Ernetti ha logrado un milagro científico. Él no es un brujo ni un visionario medieval, es considerado un científico genuino. (…) Llevó a cabo su investigación en colaboración con doce científicos de los que no se conoce la identidad. Desde 1956 este equipo viene investigando en la posibilidad de resucitar el pasado para que sea visto a través de un aparato similar a una televisión. En 1957, Ernetti contactó con el Profesor Matos quien, dada su experiencia en el tema, marcó la pauta a seguir por todo el grupo. Matos estaba interesado en reproducir el pasado por medio de algún proceso análogo a la televisión y basó sus teorías en las escrituras de Aristóteles sobre la desintegración del sonido y algunas antiguas ideas de los pitagóricos.


vaticano


En este fragmento se resumen la mayoría de los tópicos sobre el tema de la técnica de cronovisión, desde la aparición del misterioso Matos hasta el recurso a olvidadas ideas filosóficas de la antigua Grecia.

Ernetti, por su parte, no parecía confiar demasiado en las ideas aristotélicas o pitagóricas. Según sus propias declaraciones, la base de su tecnología se centraba en la ciencia básica, más concretamente la física de vanguardia. Pero su idea de la transmisión de las ondas iba mucho más allá de lo que la ciencia oficial reconoce, pues en su teoría básica, Ernetti necesitaba de un ente descartado por la física desde principios del siglo XX, el éter. Para que las imágenes y sonidos se mantengan en estado latente en el ambiente, necesitan estar grabados en algo, por efímero que sea, no es posible que esto suceda en el vacío. Durante siglos la ciencia sufrió de horror vacui, la negación de la existencia del vacío. Para que la luz viajara por el espacio era lógico pensar que necesitara un medio, un vehículo por el cual transmitirse y que llenara el vacío cósmico. El medio que servía de soporte para la luz era el éter, que todo lo impregnaba. Los experimentos de comienzos del siglo XX demostraron que el vacío lo inunda todo, que la luz es una onda electromagnética que no necesita del éter y que, por tanto, éste no existe.

La idea de recuperar el éter rondó la cabeza del benedictino desde el descubrimiento de las ya mencionadas grabaciones efectuadas por el padre Gemelli, en el laboratorio de física de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán. Las misteriosas voces grabadas en aquella sesión fueron enviadas para su estudio al profesor Ernst Senkowski, de la alemana Universidad de Maguncia. Investigando la desintegración del sonido, el benedictino llegó a la conclusión según la cual, las ondas, sean estas del tipo que sean, se pueden descomponer en armónicos cada vez más pequeños hasta alcanzar el nivel atómico e incluso el subatómico. Con la ayuda del cronovisor, que según muchos de estos rumores constaría de un simple oscilógrafo catódico y un circuito adecuado para encauzar los electrones siguiendo frecuencias muy precisas, sería posible invertir el proceso de desintegración de las ondas y recomponer, aproximándose a su estado original, un sonido e imagen del pasado. Cada una de estas hipotéticas transformaciones estaría marcada por una huella característica, en relación con el tiempo que haya transcurrido desde que se “grabó” en el éter o en materiales inertes, siendo esta huella espectral necesaria para poder “sintonizar” con precisión el tiempo pasado que se desea explorar. Suena a pura “pseudotecnología”. Ernetti siempre repitió con vehemencia una frase rotunda cuando se le cuestionaba por la veracidad de esta teoría: …esto no tiene nada que ver con la parapsicología o la metafísica, ¡es ciencia pura! …cada ser humano, desde el momento de su nacimiento hasta el de su muerte crea una grabación en el ambiente formada por un doble surco de luz y sonido. Esto constituye su marca individual de identidad. Este mismo principio se aplica a la música y al movimiento. Por medio de las antenas que utilizamos en nuestro laboratorio, podemos sintonizar con esos surcos y recuperar la luz y el sonido del pasado.

Estas palabras del protagonista en la trama del cronovisor no aportan en ningún caso los datos necesarios para reconstruir o, por lo menos, hacerse una idea mínima de cómo sería el hipotético esquema de la máquina. Los últimos rumores a este respecto hablan de un sistema semiorgánico, en el que las ondas cerebrales de un voluntario servirían de catalizador para recuperar los “surcos” del pasado.

Continuando con la galería de rumores, llegan ahora varios espías de la CIA para liarlo todo definitivamente. Naturalmente, si el invento de Ernetti era tan poderoso, las agencias de seguridad de medio mundo se lo disputarían. Hay quien sugiere que el cronovisor era capaz incluso de sintonizar con el pensamiento de las personas, algo muy “útil” para los servicios de espionaje. El proyecto militar norteamericano de testigos lejanos, enmarcado dentro del infausto programa MK Ultra, podía guardar cierta relación con el cronovisor. En plena Guerra Fría, tanto americanos como soviéticos intentaron desarrollar sistemas orgánicos, esto es, por medio de voluntarios, capaces de proyectarse astralmente y penetrar en territorio enemigo para espiar.

Lo más sospechoso de la trama del cronovisor es la sorprendente “coincidencia” entre muchos de los datos relacionados con la máquina y ciertos relatos de ciencia ficción difundidos en los años cincuenta. Desde siempre, los escritores de este género se han sentido atraídos por las posibilidades que ofrecen las máquinas del tiempo. Desde los tiempos de H.G.Welles, el concepto de máquina del tiempo ha sido manejado con mejor o peor fortuna. Una de las descripciones más acertadas, y coherentes desde el punto de vista científico, de un mecanismo de este tipo lo ofreció en 1980 el astrofísico Grégory Benford, en su novela Cronopaisaje, donde describió un sistema para enviar mensajes al pasado utilizando haces de taquiones, hipotéticas partículas más veloces que la luz. La idea de cámara del tiempo, capaz de sintonizar el pasado o el futuro, no ha sido muy utilizada en la ciencia ficción. Sin embargo, desde los años cincuenta, curiosamente en la época del presunto desarrollo del cronovisor de Ernetti, se publicaron diversas obras de ciencia ficción en las que se mencionan cámaras de este tipo, como los cronoscopios y crono-túneles de Asimov. Un ejemplo atractivo sobre esto se puede encontrar en Otros días, otros ojos, obra de Bob Shaw, donde se describe un cronovisor que utiliza cristales especiales capaces de enlentecer la velocidad de la luz en su seno con la intención de poder observar el pasado.

El principio sobre el que se asentaba aquella máquina es muy sencillo y cualquiera podría reproducirlo con intenciones perversas. Sin embargo le diré que demostramos que las ondas visibles y sonoras del pasado no se destruyen. Y no lo hacen porque son energía. La grandeza de aquel invento fue que podía recuperar esa energía y recomponer escenas perdidas hace siglos. Pellegrino Ernetti


Mito


La máquina del Padre Ernetti

Sin duda, la máquina de cronovisión más famosa es la del benedictino italiano, ya fallecido, Pellegrino Ernetti. Para quien no esté advertido voy a definir de qué se trata. Un cronovisor sería una máquina para “ver” el tiempo o, mejor dicho, un mecanismo por medio del cual acceder al pasado en forma de imagen y sonido. Hasta el momento, no conozco ninguna referencia a cronovisores “capaces” de sintonizar el futuro, exceptuando el de DeLaWarr, que comentaré más adelante2. Así, por medio de técnicas poco esclarecidas, por no decir diréctamente irreales, al igual que un vídeo doméstico sintoniza un canal de televisión y graba en cinta magnética o disco óptico nuestro programa favorito, los cronovisores “sintonizarían” con el tiempo pasado a voluntad del experimentador y guardarían los resultados en los mismos soportes que los vídeos o las grabadoras de audio. ¡Una máquina del tiempo excepcional! La manera perfecta de conocer nuestro pasado y desvelar los enigmas de la historia. ¿Realmente puede existir algo así? He de advertir que, a pesar de lo que se diga, jamás se ha probado su existencia real y que, de lleno, entran estas máquinas dentro del campo de la mitología tecnológica tan propia del pasado siglo XX, además de ser un tema muy relacionado con variados relatos de ciencia ficción, como el “cronoscopio” mencionado por Isaac Asimov3. Imaginativas historias que pudieron servir de semilla desde los años cuarenta para crear la leyenda del cronovisor.

Sobre la aventura de Ernetti existen muchas informaciones dispersas pero, básicamente, todas coinciden en los detalles más importantes. El caso del cronovisor fue dado a conocer por el padre Ernetti en 1972, al conceder una entrevista a la publicación italiana La Domenica del Corriere4, donde afirmó haber participado en el proceso de gestación y uso de una máquina capaz de grabar imágenes y sonidos del pasado. Aquella noticia hizo que muchos se sobresaltaran de entusiasmo, ¿se habría descubierto la máquina del tiempo? La importancia del medio en el que se publicó, hizo que se extendiera el rumor por medio mundo. Sin embargo, anteriormente, Ernetti ya había desvelado algunos detalles en otros medios impresos. En julio de 1965 L´Heure d´Étre, una revista religiosa de Francia, aludió a este cronovisor y, en enero de 1966, la publicación italiana Civiltà delle Macchine, hizo lo mismo en un artículo titulado L´oscillografo elettronico. La poca importancia de esos dos medios hizo que la noticia no fuera tomada en cuenta hasta que salió a la luz la entrevista de 1972, a partir de entonces los rumores sobre el cronovisor del padre Ernetti no han cesado de aumentar. El benedictino afirmó que su máquina funcionaba a la perfección, no entró en detalles técnicos pero sí ahondó en alguno de los éxitos conseguidos. A través de este cronovisor pudo reconstruir, según él, porciones de algunas obras musicales perdidas desde hacía siglos, como el Thyestes, de Quinto Ennio, representado en Roma en el 169 a.C. Otras de sus afirmaciones resultan ser incluso más fantasiosas, puesto que dijo haber contemplado la destrucción de Sodoma y Gomorra, localizado el texto correcto de las Tablas de la Ley o haber presenciado la crucifixión de Jesucristo, siendo capaz de determinar cuáles fueron sus últimas palabras.

Para conocer cuándo surgió el proyecto hay que remontarse a 1952. Durante una sesión de grabación de música gregoriana, en el laboratorio del padre Agostino Gemelli, “sucedió” algo no previsto. El 15 de septiembre de ese año, vigilando los aparatos electrónicos para llevar a buen término el registro del sonido en cinta magnética, Gemelli y Ernetti se sobresaltaron al descubrir que se había incluido en la cinta una voz que nadie escuchó durante el proceso de grabación. La voz fue reconocida de inmediato por Gemelli como la de su padre ya fallecido5, impresionando a los dos sacerdotes. La súbita aparición de aquella psicofonía sirvió de acicate para que se dedicaran a investigar el extraño asunto, contactando con todos los expertos europeos en sonido que pudieron encontrar y llegando a una novedosa teoría: las voces e imágenes del pasado quedarían grabadas en una suerte de éter desconocido, siendo posible su recuperación a voluntad por medio de las técnicas adecuadas. Acababa de nacer la idea del cronovisor. Se dice que, desde sus comienzos, este proyecto estuvo controlado por Pío XII, quien lo clasificó como secreto. Lo que distingue el caso Ernetti de todas las demás “tecnoleyendas” es el propio personaje central, pues el padre benedictino rehuía del tema, aunque nunca negó sus afirmaciones sobre el cronovisor. Parecía un asunto clavado a modo de espina en su alma. Los últimos años de su vida los dedicó a la atención de supuestas víctimas de posesión diabólica, siendo la mayoría de éstas, en su opinión, personas que padecían diferentes trastornos mentales. Pellegrino Ernetti abandonó este mundo en abril de 1994, llevándose todos los “secretos” del cronovisor consigo, si es que en realidad hubo secreto alguno, algo más que dudoso. Desde entonces, muchos son los fragmentos informativos que ha generado este asunto, a la vez de varios libros que arrojan más dudas que certezas acerca de la hipotética máquina. Uniendo todos los fragmentos, puede hacerse uno la idea de cómo era, supuestamente, el cronovisor. Hay quien piensa, en el colmo de la especulación imaginativa que, aunque el proyecto fue “cancelado” por el Vaticano dada su peligrosidad al atentar contra el libre albedrío, como se ha afirmado muchas veces, la máquina jamás fue destruida y continuaría guardada en un lugar seguro esperando días mejores6. Ernetti, además de sacerdote, era profesor e investigador en un campo poco estudiado de la música, la prepolifonía, estando adscrito al Conservatorio Benedetto Marcello de Venecia y había llegado a ser docente en la Academia Santa Cecilia de Roma.

iglesia


Galería de rumores

Sobre el cronovisor de Ernetti se ha dicho de todo, y nada de ello verificable. Para empezar con la galería de rumores, cualquiera que investigue un poco este asunto se topará tarde o temprano con una impactante imagen de Cristo poco antes de morir que, según se dijo hace años, correspondería a una instantánea de ese momento histórico, grabada con el cronovisor. El propio Ernetti salió al paso de tales afirmaciones para negarlo rotundamente, porque aquella imagen no era más que una fotografía de un crucifijo conservado en el Santuario del Amor Misericordioso, de Collevalenza, en la italiana provincia de Perugia. Más rumores: se cuenta que en la investigación inicial para crear el cronovisor, intervinieron doce físicos de primera fila. El año 1956 sería la fecha hipotética en la que se pusieron en marcha las investigaciones de forma seria, siendo al año siguiente cuando se unió al grupo el portugués Profesor Matos7, quien ya se había interesado por el tema de la cronovisión mucho antes.

La siguiente parada en la ruta de los rumores hace referencia a la técnica utilizada en la máquina. La teoría de Ernetti se basaría en el concepto aristotélico de la desintegración del sonido, aunque en este punto hay opiniones para todos los gustos, desde las que implican un gran conocimiento por parte de aquellos científicos de la filosofía pitagórica a los que invocan a la cábala. Según la idea de Aristóteles, o de Pitágoras según la versión que elijamos, la luz y el sonido no desaparecen del todo después de su aparente extinción, sino que se transforman de una forma desconocida y se mantienen en el lugar donde se originaron, siendo posible su recuperación de manera indefinida en el tiempo. Ernetti comentó, en una de sus pocas conversaciones públicas sobre el tema, que las ondas sonoras se subdividen en armónicos que se graban en los materiales inertes, o en algo tan ficticio como el éter, pudiendo ser recuperadas si se dispone de los mecanismos adecuados. El escritor Robert Charroux se refiere a la aventura de Ernetti con estas palabras:

…el padre benedictino Pellegrino Ernetti ha logrado un milagro científico. Él no es un brujo ni un visionario medieval, es considerado un científico genuino. (…) Llevó a cabo su investigación en colaboración con doce científicos de los que no se conoce la identidad. Desde 1956 este equipo viene investigando en la posibilidad de resucitar el pasado para que sea visto a través de un aparato similar a una televisión. En 1957, Ernetti contactó con el Profesor Matos quien, dada su experiencia en el tema, marcó la pauta a seguir por todo el grupo. Matos estaba interesado en reproducir el pasado por medio de algún proceso análogo a la televisión y basó sus teorías en las escrituras de Aristóteles sobre la desintegración del sonido y algunas antiguas ideas de los pitagóricos.


Un texto de lo más insulso porque, como no podía ser de otro modo, no ofrece datos ni notas que puedan comprobarse. En este fragmento se resumen la mayoría de los tópicos sobre el tema de la técnica de cronovisión, desde la aparición del misterioso Matos hasta el recurso a olvidadas filosóficas de la antigua Grecia. Ernetti, por su parte, no parecía confiar demasiado en las ideas aristotélicas o pitagóricas. Según sus propias declaraciones, la base de su tecnología se centraba en la ciencia básica, más concretamente la física de vanguardia. Pero su idea de la transmisión de las ondas iba mucho más allá de lo que la ciencia muestra pues, en su teoría básica, Ernetti necesitaba de un ente aborrecido por la física desde principios del siglo XX, el éter. Para que las imágenes y sonidos se mantengan en estado latente en el ambiente, necesitan estar grabados en algo, por efímero que sea, no es posible que esto suceda en el vacío. Durante siglos la ciencia sufrió de horror vacui, la negación de la existencia del vacío. Para que la luz viajara por el espacio era lógico pensar que necesitara un medio material, un vehículo por el cual transmitirse y que llenara el espacio. El medio que servía de soporte para la luz era el éter, que todo lo impregnaba. Experimentos de comienzos del siglo XX demostraron que el vacío lo inunda todo, que la luz es una onda electromagnética que no necesita del éter y que, por tanto, éste no existe. El éter fue desterrado de la física y los pocos que se atrevieron a mantenerlo en sus ideas fueron declarados heterodoxos.

Uno de los que volvió a invocar la presencia del fantasmal éter fue Ernetti. La idea de recuperar el éter rondó la cabeza del benedictino desde el “descubrimiento” de las ya mencionadas grabaciones efectuadas por el padre Gemelli, en el laboratorio de física de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán. Las misteriosas voces grabadas en aquella sesión fueron enviadas para su estudio a Ernst Senkowski. A partir de ahí, Ernetti investigó el tema de forma similar a como harían después los estudiosos de las psicofonías y de las psicoimágenes, pero pensando más en que se trataba de inclusiones residuales procedentes del pasado que de “voces de los muertos”. Investigando en este campo de la desintegración del sonido, el voluntarioso benedictino llegó a una conclusión, según la cual, las ondas, sean del tipo que sean, se pueden descomponer en armónicos (sic.) cada vez más pequeños hasta alcanzar el nivel atómico e incluso el subatómico. Con la ayuda del cronovisor, que según muchos de estos rumores constaría de un oscilógrafo catódico y un circuito adecuado para encauzar los electrones siguiendo frecuencias muy precisas, sería posible invertir el proceso de desintegración de las ondas y recomponer, aproximándose a su estado original, un sonido e imagen del pasado. Cada una de estas hipotéticas transformaciones estaría marcada por una huella característica, en relación con el tiempo que haya transcurrido desde que se “grabó” en el éter, siendo esta huella necesaria para poder “sintonizar” con precisión el tiempo pasado que se desea explorar. Suena extraño y completamente pseudocientífico, sin embargo el padre Ernetti siempre repitió con vehemencia una idea cuando se le cuestionaba por la veracidad de esta “teoría”:

…esto no tiene nada que ver con la parapsicología o la metafísica, ¡es ciencia pura! …cada ser humano, desde el momento de su nacimiento hasta el de su muerte crea una grabación en el ambiente formada por un doble surco de luz y sonido. Esto constituye su marca individual de identidad. Este mismo principio se aplica a la música y al movimiento. Por medio de las antenas que utilizamos en nuestro laboratorio, podemos sintonizar con esos surcos y recuperar la luz y el sonido del pasado.


Muy interesante… ¡si fuera mínimamente cierto! Estas palabras del protagonista en la trama del cronovisor no dejan lugar a dudas sobre la “base” teórica, pero en ningún caso aportan material necesario para reconstruir o, por lo menos, hacerse una idea mínima de cómo sería el montaje de la supuesta máquina. Los últimos rumores a este respecto hablaban de un sistema semiorgánico, en el que las ondas cerebrales de un voluntario servirían de catalizador para recuperar los “surcos” del pasado. Ernetti nunca habló de eso, lo que sí repitió hasta la saciedad fue un aviso, una seria advertencia sobre una tecnología, sencilla de replicar según su punto de vista, pero muy peligrosa, que sólo debiera ser revelada al conjunto de la humanidad cuando ésta hubiera aprendido a actuar únicamente para el bien. Otro de los esquivos puntos en los que los rumores convergen es la utilización de cristales de cuarzo cuidadosamente tallados como núcleo de la máquina. Los cristales de este tipo muestran capacidades asombrosas en la transmisión de señales eléctricas o el almacenamiento de información. Todos llevamos uno cerca sin saberlo, en los relojes. Hoy día casi ningún reloj de pulsera funciona con la energía almacenada en muelles, eso que conocemos como “cuerda”. Los relojes actuales, incluso los de “agujas”, son digitales, no en el sentido de mostrar la información en una pantalla, sino por medir el tiempo a través de un circuito electrónico alimentado por una pila. El alma de los relojes no está en la batería, sino en un pequeñísimo corazón de cristal de cuarzo que, al paso de la corriente eléctrica del circuito, “palpita” emitiendo rítmicas oleadas que controlan el paso del tiempo. Al cuarzo se le han atribuido muchas otras capacidades casi mágicas, pero irreales, por eso no es de extrañar que el cronovisor pudiera “contener” uno como “motor”, la imaginación es libre. La teoría de Ernetti guarda cierto parecido con las tradiciones ocultistas que hablaban del plano de Akhasia, una hipotética región inmaterial situada en una dimensión paralela, donde estaría grabada la “memoria del universo”.

Continuando con la galería de rumores, llegan ahora varios espías de la CIA para liarlo todo definitivamente. Naturalmente, si el invento de Ernetti era tan poderoso, las agencias de inteligencia de medio mundo se lo disputarían. Hay quien sugiere que el cronovisor era capaz incluso de sintonizar con el pensamiento de las personas, algo muy “útil” para los servicios de espionaje. El proyecto militar norteamericano de testigos lejanos, enmarcado dentro del infausto programa MK Ultra, podía guardar cierta relación de “parecido” con el cronovisor, sobre todo por su objetivo y por lo pseudocientífico de todo ello. En plena Guerra Fría, tanto estadounidenses como soviéticos intentaron desarrollar sistemas que, utilizando voluntarios, fueran capaces de proyectarse “astralmente” y penetrar en territorio enemigo para espiar. Todo esto, demencial, anticientífico y estúpido, se llevó bastantes millones de dólares de presupuesto. Se conocen hoy muchos detalles de primera mano gracias a los documentos oficiales del gobierno estadounidense, desclasificados gracias al Acta de Libertad de Información. ¿Qué relación podía guardar Ernetti en todo esto? En realidad, nada, aunque la CIA gastó bastante dinero intentando conseguir algo con lo que espiar a distancia por medio de “telepatía”.

Los pioneros de la cronovisión

El deseo de fotografiar el pasado ha acompañado al hombre desde antes de inventarse la propia fotografía. Marconi, uno de los inventores de la radio y Edison, el polifacético inventor, intentaron comunicarse con el más allá por medio de máquinas de grabación, no lo consiguieron, pero esa idea revivió décadas más tarde. Desde tiempo inmemorial se cuentan historias sobre lugares donde, por medio del agua o de espejos, era “posible” contemplar el futuro. Pausanias narró la historia de un arroyo sagrado10, frente al santuario de Démeter en Patras, que se utilizaba para realizar adivinación infalible utilizando un espejo (sic). Esta antigua referencia a la magia de los espejos como máquinas del tiempo tuvo luego una larga tradición. En épocas anteriores al desarrollo de la tecnología electrónica, la idea de ver “a distancia” se dejó en manos de los instrumentos más parecidos a los modernos medios de comunicación, los cristales. Nació así la cristalomancia, definida como el medio para atraer a la consciencia del observador, generalmente un “vidente”, por medio de un espéculo y a través de uno o más de sus sentidos, el contenido del subconsciente11. El espéculo, ya fuera un espejo, bola de cristal o similar, podía tener gran número de formas y tamaños. El uso de cristales para la adivinación se encuentra documentado en multitud de estudios antropológicos. Los adivinos solían ser elegidos entre los niños, porque eran los más propensos a “ver” imágenes extrañas en los cristales o espejos, sobre los que se colocaban manchas de tinta, como en la India, o gotas de sangre, como entre los maoríes de Nueva Zelanda. Cuando no había cristales a mano, las culturas ancestrales utilizaban la luz reflejada en el fondo de cuencos con agua o simples charcos.

El más famoso adepto de la cristalomancia fue sin duda el aventurero y astrólogo John Dee quien, al servicio de Isabel I de Inglaterra, utilizaba esferas de cristal como “cámaras” para realizar tareas de espionaje. Un caso excepcional de anticipación basada en la cristalomancia se narra en las memorias de Saint-Simon12. En 1706 el duque de Orleans, a punto de viajar a Italia, narró a Saint-Simon una extraña experiencia sucedida en casa de una amante. Un personaje muy extraño apareció prometiendo contestar a todas las preguntas que formulara el duque, a condición de contar como intermediaria con una inocente niña observando un vaso lleno de agua. En un momento de la velada se pidió a la niña que narrara la futura muerte del rey Luis XIV. Para asombro de los presentes, la niña contó detalles minuciosos de Versalles, lugar donde nunca había estado. Describió a las personas que rodeaban el lecho del difunto monarca, todos los presentes reconocieron en las descripciones de la niña a las personas que ocuparían la situación futura. Sin embargo, cuatro cortesanos muy conocidos, que tendrían que hallarse en la escena, no aparecían. Saint-Simon cuenta que nadie pudo explicar aquello, pues los cuatro gozaban de buena salud y eran jóvenes. Ocho años más tarde Saint-Simon comprendería lo sucedido, pues fue entonces cuando Luis XIV murió, y los cuatro ausentes en la imagen vista por la niña no se encontraron en los funerales ya que habían fallecido tiempo atrás. Quede aquí tan curiosa historia, con seguridad mero recurso literario, como ejemplo de la atracción que a lo largo del tiempo ha ejercido la “adivinación” a través de cristales o agua en todo tipo de personas.

El primer cronovisor, como máquina imaginada para tal fin, del que tengo noticias, data de 1897. Sir Oliver Lodge, científico de la británica ciudad de Liverpool, afirmó en ese año haber logrado transmitir señales de radio a grandes distancias, de haberse confirmado aquella experiencia hoy sería considerado uno de los padres de la radio. La antena desde la que emitía durante sus pruebas estaba situada en la torre del reloj del edificio de la Universidad de Liverpool, en Brownlow Hill. La mayor parte de sus colegas científicos consideraron aquella idea de la radio como una locura impracticable, a fin de cuentas, el mismísimo Heinrich Hertz, descubridor de la existencia de las radiaciones electromagnéticas, afirmó que jamás se las encontraría una aplicación práctica. ¿Qué pensaría de nuestros medios de comunicación más modernos? Lodge creía en la aplicación de las ondas de Hertz como medio de comunicación así que, aunque se mofaran de él, continuó con sus experimentos. Fue durante aquellas tentativas de construir un comunicador por radio cuando aparecieron en la ciudad dos extravagantes personajes que dijeron haber logrado algo más asombroso todavía, una máquina para fotografiar el pasado. William Maplebeck, un inventor de 67 años, junto con el fotógrafo aficionado Robert Stookes, presentaron su Cronoscopio ante una nutrida representación de la ciencia y la cultura de Liverpool. El evento tuvo lugar en las oficinas de Esme Collings Photographers, en el número 43 de Rodney Street. Según los dos protagonistas, el Cronoscopio era capaz de fotografiar imágenes de sucesos acaecidos muchos siglos atrás. Maplebeck comentó entusiasmado cómo había descubierto una forma de alinear lentes de cuarzo de tal forma que fueran capaces de desviar la luz reflejada entre dos espejos a una cámara fotográfica. Así, el bucle infinito de imágenes dentro de imágenes que se genera al poner un espejo frente a otro podía, por medio de aquellas lentes, servir para sintonizar con el pasado. La audiencia no se impresionó demasiado, pedían pruebas y no tardaron en tenerlas. Los dos inventores mostraron fotografías realizadas presuntamente con aquel cronovisor. En ellas se podían ver antiguos legionarios romanos o mujeres vestidas con trajes pasados de moda. Los espectadores no creyeron nada del asunto y se mofaron de los dos fotógrafos, acusándolos de fraude. Ellos, ante la tensa situación, decidieron desaparecer por la puerta trasera. Aquel día Sir Oliver Lodge respiró aliviado al ver que, por lo menos por un rato, las burlas de sus colegas no se dirigían contra él. De los presuntos “inventores” de aquel Cronoscopio, nunca más se supo.

El conocido científico Charles Steinmetz desarrolló otra cámara del tiempo capaz, según él, de fotografiar el pasado. Este mecanismo fue construido siguiendo las indicaciones del británico Baird T. Spalding, utilizando lentes de cuarzo. Baird, nació en 1857, durante su niñez y juventud recorrió medio mundo, desde la India a Alemania, llegando a estudiar en prestigiosas universidades y logrando trabajar en Berkeley y Stanford en el campo de la arqueología. A finales del siglo XIX Spalding se dedicó a escribir sobre todo lo que había experimentado durante sus viajes a la India. Aquella obra, llamada Vida y enseñanzas de los maestros del lejano Oriente, tuvo tanto éxito que fue necesario ampliarlo paulatinamente hasta alcanzar los seis volúmenes de extensión, siendo el último póstumo, con una recopilación de algunos artículos de los años treinta. Las obras de Spalding son de carácter filosófico, casi metafísico, mezclando una personal visión de la vida con la mística oriental. Se relacionó con banqueros e industriales británicos y norteamericanos, además de científicos. Este aventurero conocedor, según sus propias palabras, de muchos secretos del pasado oriental, confió a sus allegados durante sus últimos años de vida que era el depositario de un gran misterio, la forma de construir una máquina con la que poder contemplar el pasado. En sus propias palabras:

…todo lo que se dice, la voz, las palabras, queda atrapado para siempre en una banda de frecuencias vibratorias muy concretas…


Pero no sólo se limitó a informar sobre aquel “secreto”, afirmó que lo llevó a la práctica, llegando a fotografiar personajes históricos como George Washington. Naturalmente, no hay constancia de que nadie haya visto esas fotografías nunca. Steinmetz recogió la idea y decidió llevarla también a la práctica, sin embargo, guardó los resultados de la experiencia para sí mismo, seguramente porque, como es de esperar, no logró absolutamente nada. Curiosamente, Spalding fue contratado por el famoso director y productor de cine Cecil B. DeMille, quien estaba preparando su película bíblica Rey de Reyes15. El magnate del cine conocía la historia de la cámara para “ver” el pasado y los rumores afirman que buscó a Spalding y a Steinmetz porque éstos afirmaron haber viajado a tierra santa para fotografiar el rostro de Cristo. ¿No se parece demasiado esta declaración a las que Ernetti hizo mucho después? En las pocas entrevistas que Spalding concedió a los medios en aquellos días también afirmó que, cuando el secreto se desvelara, la policía obtendría mucho provecho del invento, pues revolucionaría la investigación de los crímenes. Como puede suponerse, el “secreto” sigue sin desvelarse.

En 1912 el barón Ernst von Lubek dijo haber logrado lo mismo, una máquina fotográfica capaz de traspasar las barreras del tiempo y recuperar imágenes del pasado. Se puede llamar cámara, pero en realidad poco se parecía aquel engendro mecánico a una cámara fotográfica como las que conocemos. El equipamiento de Lubek incluía un tubo de rayos catódicos embutido en plomo, similar a un primitivo televisor y un circuito extraño con electrodos de disprosio16, un elemento raro. La energía procedía de una bobina de Tesla modificada. Décadas más tarde, en 1934, William D. Pelley, aventurero, inventor y escritor norteamericano, anunció haber colaborado con Steinmetz y Edison en una cámara para ver el pasado a la que llamaron UltraVision. Nunca ofreció ninguna prueba real de la existencia del aparato pues, según su melodramática narración, las autoridades confiscaron todo el material por considerarlo peligroso para la seguridad nacional. ¡Vaya oportunismo!

Sin duda, la cámara temporal más famosa después del cronovisor de Ernetti fue la cámara radiónica de George DeLaWarr. Desarrollada durante los años 50, se dice que era capaz de proyectar imágenes del pasado. Pero hay una novedad con respecto al resto de cronocámaras, ¡esta “podía” captar el futuro! DeLaWarr publicó varias fotografías con las que pretendió demostrar la veracidad de sus afirmaciones. Para este inventor…

…el tiempo es un vector que forma parte del espectro electromagnético, grabándose todos los acontecimientos en un espacio de ese espectro. Existe un mundo prefísico al cual puedo acceder a través de mi cámara…


Unas palabras que se parecen mucho a las de Spalding, escritas casi medio siglo antes. DeLaWarr logró durante varios años recopilar más de 13.000 fotografías obtenidas con su aparato, al que también se le atribuían capacidades en el diagnóstico de enfermedades o la percepción remota. George DeLaWarr afirmó que el futuro podría ser también captado con su cámara radiónica, se cuenta que realizó un polémico experimento en el que “radiografió” el abdomen de una mujer embarazada y en la película resultante se pudo ver la algo borrosa imagen de un niño ¡ya crecido! Hay que reconocer que, al menos, imaginación no le faltaba.

Cronovisores actuales

Cambiando de escenario, Italia parece la tierra propicia para los cronovisores. Allí nació la máquina de Ernetti y la de Luigi Borello, que mencionaré más tarde. Hoy siguen existiendo en la Península Itálica aventureros que reclaman haber conseguido cronovisores. Muchos de ellos no pasan de ser meros charlatanes y, entre todos ellos, destaca un polémico personaje, Paolo Benda. Este joven ingeniero se dedica a la geobiología y a otros asuntos pseudocientíficos, como la radiónica o la radiestesia. Actualmente dice estar obteniendo resultados asombrosos con la aplicación de luz láser en un sistema con el que además de lograr psicoimágenes de calidad, puede recuperar escenas del pasado. Toda una máquina polivalente que escudriñaría los sonidos e imágenes de dimensiones paralelas y de tiempos pretéritos. En la ciudad de Arezzo ha fundado el Centro de Estudios en Geobiología, Radiónica y Parapsicología. El nombre lo dice todo y no creo que merezca comentarios adicionales. De momento, como siempre, no ha aportado pruebas de ningún tipo acerca de su invento aunque, como buen promotor de sí mismo, ha publicado un libro plagado de neologismos acomodados a sus teorías en el que mezcla transcomunicación, viajes en el tiempo y teorías acerca del más allá. Toda una empanada que distribuye en dosis generosas en apariciones televisivas. ¿Cuánto tiempo tardará en aparecer otro inventor de un presunto cronovisor? No lo sé, pero lo más seguro es que, por continuar con la tradición, lo haga en Italia.

En febrero de 2003 salió a la luz la noticia sobre un nuevo cronovisor, esta vez lejos de las tierras mediterráneas. El periódico ruso Pravda informó sobre un inventor local que dice haber construido cámaras temporales para fotografiar el pasado utilizando como componente crítico lentes de cuarzo. Otra vez aparece este viejo amigo del mundo mineral. Según el inventor:

…las lentes de cuarzo puro hacen que la luz ultravioleta pase a través de ellas casi sin pérdidas. Este tipo de radiación es la que transmite las imágenes del pasado. Con esta máquina he logrado fotografiar escenas de la Segunda Guerra Mundial en un bosque…


Curiosas declaraciones que se acompañaban de otras descripciones sobre instantáneas en las que aparecerían guerreros de la estepa o mamuts prehistóricos junto con árboles gigantescos. El protagonista de esta historia, Henry Silanov, residente en la ciudad de Voronezh, tiene una forma curiosa para explicar su cronovisor que difiere de todas las demás. Durante sus “investigaciones” del fenómeno OVNI ha llegado a la conclusión de que esos objetos utilizan “portales” para abastecerse de energía, puntos sobre la superficie terrestre especialmente cargados de energía. Rastreando con magnetómetros en esos puntos, emparentados con los lugares sagrados y lo que se ha dado en llamar “malla energética de la Tierra”, encontró que allí se concentraban grandes cantidades de energía desconocida hasta entonces. Esta energía se captaría en el dominio ultravioleta del espectro, siendo posible su transformación en fotografías a través de una cámara preparada como la que afirma haber construido Silanov. A partir de aquí, la colección de frases de este investigador se empieza a parecer a las demás, pues afirma que todo lo que sucede en la naturaleza se graba en esas zonas o puntos de energía, siendo posible su recuperación por medio de sistemas tan simples como el suyo, una cámara réflex modificada con un objetivo con lentes de cuarzo especiales. Sin embargo, de nuevo, tanta palabrería de magufo no aporta pruebas de ningún tipo.

La pasión de Luigi Borello

Ernetti y Gemelli no han sido los únicos sacerdotes italianos apasionados con la idea de recuperar la memoria del pasado. Luigi Borello, menos conocido que los anteriores, siguió por el mismo camino. Durante más de treinta años el padre Borello se dedicó con pasión al estudio de las ideas más vanguardistas de la física. Según la teoría neutrínica18, sería posible desde el punto de vista técnico construir una máquina para revivir el pasado. (sic.). Además de sacerdote, muy querido por su labor pastoral, el padre Borello era físico y matemático, miembro de la Academia Tiberina de Roma, muy inquieto y con un ardiente deseo por conocer, espíritu que le llevó a desarrollar de forma privada su cronovisor. Nacido en el italiano valle de Pezzolo Uzzone en la Navidad de 1924, en el seno de una familia muy religiosa y humilde, Luigi pasó su niñez asombrado por las bellezas de la naturaleza, deseando conocer los más íntimos secretos del universo, decide estudiar ciencias. Ordenado sacerdote católico en 1950, fue profesor de física, matemáticas y ciencias naturales en diferentes centros de formación religiosa. Su peculiar forma de entender las teorías avanzadas de la física le llevó a desarrollar la mencionada teoría neutrínica, por supuesto al margen de la ciencia establecida, ideada anteriormente por Cesare Colangeli, dando este esfuerzo como resultado su máquina de cronovisión. Dividiendo sus esfuerzos entre la labor pastoral y la pasión por la física, su invento fue mejorando poco a poco. Según Luigi Borello, al igual que la luz incide en nuestros ojos y los sonidos activan los nervios de la audición en nuestros oídos, así toda la radiación existente en la naturaleza queda marcada en las rocas y en el ambiente de una forma inaccesible a nuestros sentidos, pero recuperable por medio de procedimientos adecuados. La forma que tenía Borello de entender su cronovisor no se aleja de las ideas de Ernetti, Spalding o DeLaWar:

…tras más de tres décadas dedicadas al estudio de la captación de sonidos e imágenes del pasado, he llegado a la conclusión según la cual el espacio es un continuo en el que no cabe el vacío absoluto. Cada vez que los sonidos o las imágenes de un acontecimiento golpean la materia, se crea una nueva forma de energía hasta ahora desconocida. El principio de esta máquina es muy sencillo, no solo los seres vivos tienen memoria, las huellas de la luz y los sonidos crean una memoria en la materia inanimada. De esta forma, las piedras son capaces de grabar recuerdos en su interior continuamente, solo que ellas no son capaces de comunicarlo…


psicofonías


Luigi Borello falleció el 22 de febrero de 2001 sin haber presentado pruebas replicables que pudieran apoyar mínimamente sus extrañas teorías.

Sonidos del pasado

La idea que sugiere que los sonidos del pasado quedan impregnados de alguna forma en el ambiente y la posibilidad de rescatarlos por medio de algún tipo de tecnología, ha intrigado a muchas personas. Uno de los experimentos más difundidos sobre intentos por comprobar tal cuestión fue llevada a cabo en 1982. La hospedería del Príncipe de Gales en Kenfig de MidGlamorgan, Gales, fue el lugar elegido para la prueba ya que el dueño aseguró haber escuchado insistentemente voces fantasmales. ¿Serían sonidos del pasado intentando emerger al presente? Manos a la obra, el ingeniero electrónico John Marke y el químico Allan Jenkins viajaron al lugar con aparatos de registro y armados también con una teoría muy personal. De noche, con el local vacío y sellado, con las grabadoras funcionando en el interior, conectaron a los muros de piedra de la hospedería a un circuito alimentado con 20.000 voltios. A la mañana siguiente, escuchando las cintas, se habían registrado toda una variedad de sonidos inusuales que, a decir de los protagonistas, sonaban como voces y música. La teoría de Marke se basa en la piedra que forma las paredes de la hospedería. Esas piedras contienen substancias similares a los compuestos que forman las cintas magnéticas, de alguna forma el sonido quedaría “registrado” en esas moléculas, pudiendo ser recuperado utilizando como excitador un gran voltaje eléctrico. Durante muchos años el experimento de Kenfig supuso una “prueba” de la teoría sobre la memoria de las rocas. En realidad, en las cintas grabadas durante esa noche, ciertamente se pueden escuchar sonidos extraños, pero son de muy difícil interpretación. Algunos analistas han señalado que podrían haber sido producidos por las interferencias originadas en el transformador de alta tensión. Cuando uno desea “recuperar” sonidos del pasado con tanta pasión, seguramente termina escuchando cualquier cosa, aunque lo único que se grabe sean ruidos sin sentido alguno.

Ahora bien, no todo iba a ser pura especulación fantasiosa. Según un artículo publicado en Physical Review Letters20, un grupo de científicos ha descubierto que ciertas materias cristalinas pueden “recordar” sonidos previamente incorporados en ellas. El material utilizado en los experimentos referidos en el artículo, se compone de niobio y litio, mostrando una novedosa “memoria” acústica nunca antes observada con claridad. Al aplicar corriente eléctrica pulsante, portando sonido codificado, la estructura molecular de los cristales fue capaz de memorizar el código que, posteriormente, fue recuperado volviendo a someter al cristal a la electricidad. Los experimentadores piensan que materiales similares podrán ser útiles en sistemas de comunicación avanzada. El sonido es teóricamente almacenado en el cristal como energía mecánica, recuperable con el estímulo adecuado.
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Re: El Cronovisor: ¿Fotografiar el pasado?

Mensaje por jsilva69 el Lun 12 Ene 2015, 2:03 pm

Cada vez me sorprendo mas de la mente preclara y de la vision de futuro del Dr. Isaac Asimov.

Sino, lean "El Pasado Muerto"! http://goo.gl/BExi3B

El pasado muerto (título original en inglés The Dead Past) es un relato de ciencia ficción de Isaac Asimov publicado por primera vez en la edición de abril de 1956 de la revista Astounding Science Fiction y recopilado en la antología Con la Tierra nos basta.

En un futuro indeterminado, la ciencia es férreamente dirigida en sus investigaciones por el gobierno, guiados por Multivac. En principio, se trata de realizar la optimización de recursos, impidiendo que los científicos se aparten de su especialidad en investigaciones banales.
Pero pronto al lector se le van mostrando preocupantes datos que recuerdan a otras novelas donde el conocimiento es cuidadosamente mantenido fuera del alcance del pueblo (1984, Fahrenheit 451). La especialización es tan alta que ningún científico sabe apenas nada de un campo diferente del suyo, la injerencia en otros campos distintos a los de su especialización es observada como una perniciosa anarquía, una falta ética grave y en algunos casos incluso un delito.
En este ambiente, un historiador solicita repetidamente acceso al cronoscopio, un aparato que permite observar el pasado mediante la aplicación práctica de la neutrínica. Su solicitud es siempre denegada y al frustración del historiador le incita a indagar el porqué de esta negativa. Y llega a la conclusión de que el gobierno está impidiendo deliberadamente la investigación con cronoscopia, valiéndose entre otras cosas de una especialización tal que nadie ha vuelto a realizar un avance en neutrínica desde hace 50 años, donde incluso esta ciencia ha desaparecido de la enseñanza en la universidad.


Demas esta decir que soy extremadamente esceptico al respecto...
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jsilva69

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Re: El Cronovisor: ¿Fotografiar el pasado?

Mensaje por josecito el Lun 12 Ene 2015, 2:35 pm

Si Julio, tenes razon, me llamo la atencion el tema, ya que semanas atras habia posteado algo de la supuesta foto de Jesus que habian obtenido con este "supuesto aparato"
El tema fue que termine leyendo por algun lado, al pasar, que esto estaba relacionado un poco con BSP y quien escribia decia que BSP tenia el don de verr en distintas lineas de tiempo y no en una sola entonces se comenta que  todas esas lineas de tiempo eran distintas pero que al final todas terminaban coincidiendo o convergiendo en un solo evento y que por eso muchas psicos de BSP parecian haberse cumplido y otras no encajan o parece no haber encajado.... Difícil de comprender el tema para el común de los mortales y también susceptible de ser algo de dudosa procedencia.
Abrazos.
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josecito

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Re: El Cronovisor: ¿Fotografiar el pasado?

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